Como colofón final, luego de llenar Dios de contenido los ámbitos por él creados, crea a la primera pareja humana. Pero el relato del Génesis es muy enfático en señalarnos que hay una diferencia crucial y enorme entre la creación del todas las especies vivas y el ser humano.
La Biblia en Génesis 1, 2 y 3 nos dice que esto no es así. Los seres humanos no fueron creados como un animal más. En ella encontramos una singularidad enormemente marcada por Dios.
Si en el verso 22 “Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra”. En el verso 26 veremos que Dios dedica a la especie humana una misión muy diferente a la simple reproducción que ahora empezaremos a dilucidar. Pero antes empecemos por la primera parte de dicho verso:
“Entonces dijo Dios (Elojím): Hagamos (Asáh) al hombre (Adám) a nuestra imagen (tselém), conforme a nuestra semejanza (Demút)”
Una de las preguntas más formuladas por las personas cuando ven este pasaje es:
¿Por qué Dios se manifiesta en plural al decir “Hagamos”?
Una explicación sencilla, pero que no por ello deja de ser valida, es la que explica el uso plural del verbo “Hagamos” por el hecho que el Dios que crea es un Dios trino y por ello la declaración aludiría a las tres personas de la Trinidad: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Esto explicación es sin duda teológicamente valida, no obstante, hay otra explicación más semántica que teológica. Como vemos en el texto hebreo, la palabra aplicada a Dios es “Elohim” o “Elojím” de acuerdo a su pronunciación. Esta palabra tiene varios usos en la Biblia, pues puede referirse a la majestad de Dios como también a “dioses” paganos o incluso puede ser aplicado a seres humanos como se hace en el salmo 82 cuando a los jueces se les denomina también “Elojím”.
Esto es parecido al uso que en español hacemos de la palabra “Señor”. Lo podemos usar para referirnos a Dios como “El Señor”, pero también lo podemos usar para referirnos a un varón adulto.
Ahora bien, en el hebreo este tipo de plural no solo hace referencia a más de una persona, sino que también concierne a los varios atributos de Dios, su gloria, su poder y su grandeza y por ello en el hebreo se usa este plural para Dios. No para que se traduzca como “los dioses”, sino para que se traduzca como el Dios todopoderoso, grande y glorioso. Por supuesto, esto no excluye de ninguna manera la interpretación teológicamente correcta de que también a lude a la decisión del Dios trino.
Explicado esto vallamos a la siguiente pregunta:
¿Qué significa “a nuestra imagen y semejanza”?
Esta declaración se ha interpretado de muchas maneras, pero podemos establecer 2 hipótesis:
1. La semejanza es una reafirmación de la declaración “a nuestra imagen”.
2. La semejanza obedece a otros atributos distintos de la imagen de Dios.
Si fuese cierta la primera interpretación solo bastaría explicar a qué se refiere con “imagen” (tselém), pero si es correcta la segunda hay que explicar también a que se refiere con “semejanza” (Demút), pues los verbos son parecidos, pero no significan exactamente lo mismo.
Empecemos por lo que debemos entender por “imagen” y para ello debemos responder a la pregunta siguiente:
¿Es Dios antropomorfo?
La pregunta sobre cómo es la imagen de Dios a intrigado y fascinado a los seres humanos desde el principio de los tiempos. Si bien Dios se define como un Dios abstracto cuya imagen no puede ver el hombre sin morir, no por ello se entiende que no tenga un rostro y una figura corporal.
Moisés, quien tenía en extraordinario contacto con Dios, quiso conocer la faz de Dios, pero ni aún lo consiguió según vemos en el siguiente pasaje:
“Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” Éxodo 33:18-23
¿Será posible que los discípulos de Jesús tengan mas suerte?
Veamos cómo Felipe se atreve a pedir a Jesús lo mismo:
“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” Juan 14:8-10
El evangelio no nos relata la cara de Felipe y sus compañeros al recibir esta inesperada y sorprendente respuesta de Jesús, pues ¡Desde el primer momento que vieron su rostro ya vieron al Padre!
Sobre Jesucristo Pablo nos dice enfáticamente en Colosenses 1:15 que: “Él es la imagen del Dios invisible”.
Esto nos lleva a concluir que efectivamente es Dios antropomorfo, es decir, tiene apariencia humana e incluso sabemos ahora que Jesús es su imagen.
Pero esto nos lleva a preguntarnos
¿Dios adopta la figura humana por el hecho de que su hijo se encarna en la especie humana o es el ser humano quien adopta la imagen de Dios tal como lo señala el verso de Génesis 1:26?
Definitivamente es lo segundo, pero ¿Por qué Dios adoptaría la forma propia de un ser físico si él como creador está por encima de su creación?
La respuesta está en que las formas del mundo físico, el universo creado por Dios, no son tan característicos del mismo como podría pensarse, sino que sus arquetipos ya derivan de un escenario de existencia que no pertenece al universo físico creado por Dios, sino que pertenece a un escenario, llamemosle “extraverso”, donde mora Dios y los seres espirituales que le rodean. Dicho escenario es el que en la Biblia conocemos como el “cielo”. Este mundo espiritual, no físico, no tiene porque ser igual al universo material, pero tampoco tiene porqué diferir mucho del mismo. Recordemos que cuando Dios instruye a Moisés sobre cómo debería ser el tabernáculo y su mobiliario le dice lo siguiente:
“Y alzarás el tabernáculo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte” éxodo 26:30
Notemos que el modelo del Tabernáculo no estaba en el universo físico, sino en el mundo espiritual de Dios y es su modelo lo que Moisés y sus expertos artesanos debían replicar en el mundo físico.
¿No podemos por lo tanto concluir que la muy singular imagen humana sea la del mismo Dios?
Definitivamente Sí.
Ahora, visto que somos realmente imagen (tselém) de Dios
¿Qué puede significar que también seamos hechos a su semejanza (Demút)?
Aquí es conveniente ver el verso 26 completo:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”
Aunque las palabras hebreas tselém y Demút tengan un significado parecido, es muy probable que la aplicación de la segunda sea no tanto relativa a la imagen de Dios, sino a la semejanza de señorío que el hombre debe ejercer sobre todas las especies vivientes de la Tierra. Demút, ademas de semejanza o figura, alude también a modelo de comportamiento y puede pues, referirse a la facultad intelectiva de la especie humana capaz de relacionarse con Dios gracias a su capacidad para comunicarse y razonar con él. Esto no lo goza ninguna otra especie animal por muy inteligente que pueda ser. Solo la especie humana puede relacionarse con Dios, ser objeto de su amor y ser a su vez su gloria:
“Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” Isaías 43:7
Finalmente los versos 27 y 28 reafirman lo dicho en el 26:
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” Génesis 1:27-28
Aquí vemos cómo Dios bendice nuestra creación nos insta a llenar el planeta y gobernar sobre ella y sobre todo ser viviente. No es pues la especie humana un animal más, pues Dios mismo le ha encomendado ciertas pretensiones divinas de dominio sobre la Tierra en virtud a la semejanza a él con la cual los crea. Jamás por tanto, los creyentes en Cristo pueden aceptar la tesis de que el hombre es un animal más. En absoluto no es ningún animal.
Esta parte final del capitulo 1, desde el verso 26 al 28, el capitulo 2 y el capítulo 3 de Génesis son un magistral tratado de Antropología Filosófica como veremos cuando los analicemos. Esta rama de la filosofía estudia qué es lo que hace al hombre diferente de los animales. En este sentido la propia Antropología Filosófica es una propuesta que estudia precisamente porqué NO SOMOS ANIMALES, sino que SOMOS UNA ESPECIE ÚNICA SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA. Y es esto lo que nos señala con rotundidad la Biblia.
¿Eran todas las especies aéreas y terrestres vegetarianas?
Cuando leemos los versos del 29 al 31 del primer capítulo de Génesis encontramos una indicación divina que ha llevado a conclusiones radicales sobre los orígenes, Veamos:
“Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto” Génesis 1:29-31
Si buscamos interpretar este pasaje desde la ciencia y no desde la teología encontraremos problemas porque parecería que dice que no existía depredación animal y, por lo tanto, no había cadena alimenticia (cuando un animal es alimento de otro mayor), pues, según esta interpretación, la muerte de los seres vivos recién alumbró cuando se produjo el pecado humano y solo entonces empezó la depredación animal. De acuerdo a ello, muchos concluyen que la biología terrestre solo pudo aparecer hace unos 6,000 años ya que la muerte animal solo apareció luego del pecado humano. Pero esto no lo refrenda la evidencia científica, incluso del pasado cercano de hace más de 6,000 con la dedrocronología (estudio de los anillos anuales de los árboles) que puede señalar antigüedades demostrables de 10,000 a 12,000 años.
De acuerdo a lo que hemos visto, la Biblia nos señala categóricamente que la especie humana no es un animal más de su creación, sino que reviste características extraordinarias que no poseen ninguna otra especie sobre la faz de la Tierra. Declara que el hombre es imagen y semejanza de Dios, y esto es algo que sin duda nuestras características biológicas lo declaran con toda contundencia.
En el cuadro anterior vemos a un grupo de hembras del orden de los primates. En la misma veremos también incorporada a una mujer humana con su bebé dado que, taxonómicamente, pertenecemos al orden de los primates, así como a la familia de los homínidos, y dentro de ello al género Homo. Finalmente somos la especie conocida como Homo Sapiens.
Lo primero que podemos observar es que la hembra humana presenta una estética y unas características pilosas (ausencia de pelo en gran parte de su cuerpo) que la hace severamente diferente al resto. Como mencioné al principio Desmond Morris tituló su libro como “el mono desnudo” en alusión a que es la única especie de primate que no posee un copioso pelaje por la mayor parte de su cuerpo, pero en realidad es al revés, pues es la hembra humana la tiene un vestido, mientras las otras hembras primates no.
Esto no es un simple detalle, el hecho de que los seres humanos se vistan (no solo para protegerse del frio) tiene implicaciones muy profundas tanto para la teología como para la antropología filosófica y de ello la Biblia nos hablará en los capítulos 2 y 3 que veremos más adelante.
Otro detalle interesante es que la mujer tiene a su bebé en el regazo porque ningún bebé humano puede aferrarse a su madre, sino después de muchos meses. En cambio cualquier criá de cualquiera de los más de 200 especies de primates sí pueden hacerlo desde el primer día. Ello obedece a que la cría humana necesita salir prematuramente del vientre materno ya que su mayor cerebro no podría salir del estrecho canal vaginal, que está limitado por los huesos de la pelvis, si tuviese que tener mas tiempo para desarrollarse antes del alumbramiento. Esto es único no solo entre los primates, sino en todo el reino animal.
Los humanos, si bien tienen cierto parecido anatómico y conductual con el resto de los primates, son muy distintos a todos ellos como también a todas las especies vivientes del planeta. Este es un tema fascinante que podría demandar muchas horas para tratarlo debidamente, pero aquí solo haremos un resumen de las más cruciales distinciones del genero humano con respecto al resto de primates en el siguiente cuadro:
El cerebro más potente del reino animal.
Aunque el Elefante africano tiene un cerebro más grande, el cerebro humano tiene muchas más neuronas y conexiones sinápticas. Esto lo faculta para poseer una inteligencia sobresaliente capaz de pensar sobre su propio pensamiento, de desarrollar expresiones artísticas en la música, la escultura, pintura y dibujo absolutamente inimaginables en el reino animal. También puede desarrollar una asombrosa tecnología así como comprender las leyes del universo. Albert Einstein escribió en 1936: “El eterno misterio del mundo es su comprensibilidad. El hecho de que es comprensible es un milagro”. En realidad el milagro no es que el universo sea comprensible para el ser humano, sino que el ser humano tenga una mente tan poderosa como para poder entender el universo.
La mano humana
El segundo prodigio dado por Dios al hombre es sin duda la mano. Sin una adecuada mano la especie humana no podría haber logrado su arte, arquitectura, tecnología y ciencia con la cual crear una civilización avanzada.
La mano humana, a diferencia de la de todo el resto de los primates, tiene un pulgar más largo y oponible al resto de los dedos que son más cortos. Ello le faculta para poder hacer una pinza entre el pulgar y el resto de los dedos. Los primates tienen, en cambio, manos bastante hábiles para aferrarse a las ramas de los árboles, pero no para hacer y utilizar herramientas de precisión.
La combinación del potente cerebro humano y de su versátil mano humana ha permitido que los hombres hayan podido desarrollar fabulosas obras de arte pictórico, escultórico, arquitectónico, manufacturas diversas, herramientas y maquinarias así como una avanzada ciencia y una maravillosa música entre muchos otros logros del formidable binomio cerebro-mano de la especie humana.
La capacidad de hablar de los seres humanos
Los seres humanos no solo poseen una laringe, lengua y labios capaces de producir fonemas para una comunicación semántica compleja, sino que también puede realizar con ellos un canto sublime. La capacidad para hablar fruto también de su cerebro es también sobresaliente. En 1931se realizó un experimento en el cual se crio un chimpancé junto a un bebé, el chimpancé después de tan solo 6 años podía pronunciar 7 palabras mientras que el niño humano podía pronunciar mas de 2000. Incluso apelando a casos de animales con una mayor capacidad para reconocer significados en sonidos o imágenes, el abismo que separa al ser humano de los animales es enorme.
En conclusión, no podemos soslayar el hecho que somos una especie singular y esa singularidad no es fruto de un accidente evolutivo, sino del fruto evidente de una creación de Dios hecha a su imagen y semejanza.









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