sábado, 22 de junio de 2024

6 Del Huerto del Edén a la Nueva Jerusalén

Los pasajes que analizaremos hoy presentan una de esas extraordinarias coherencias de la Biblia que prueban, sin lugar a dudas, la impronta del Espíritu Santo de manera aplastante.

¿Será posible que 3 relatos, uno teológico y dos visiones proféticas realizados con siglos de diferencia, hablen en los mismos términos?

Hoy veremos cómo el capitulo 2 nos habla, al principio de la Biblia, de lo mismo que, en otro estadio de los planes de Dios, se realiza en los capítulos 21 y 22 de Apocalipsis, es decir, el principio y el final bíblico en otro de los muchos arcos que vimos en esa gráfica de arcos de colores que referenciaban la multitud de referencias cruzadas de la Biblia.


El huerto del Edén la primera comunión del hombre con Dios

"Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado" Génesis 2:8

En el verso anterior se nos dice que Dios crea al hombre (solo el varón) del polvo de la tierra y sopla en el aliento de vida para convertirlo en un ser viviente. A continuación no lo deja simplemente en un lugar cualquiera del planeta para que inicie su andadura en este mundo, sino que Dios crea un lugar especial. No es cualquier lugar, pues sus condiciones son verdaderamente idílicas. En el hebreo antiguo Edén es una referencia a la estepa, es decir, el jardín del Edén es como decir el jardín o el huerto en la estepa y ello denota un lugar muy especial diferente del entorno natural común.

El huerto del Edén tiene una característica aún más importante: Es el lugar donde el hombre va a disfrutar también de la misma presencia de Dios. Este detalle es crucial. El huerto no es una simple cuna para la infancia del ser humano. Es más bien, el inicio de su comunión con Dios y su presencia y bendición perfecta van a acompañar al hombre recién creado.

Contrariamente a los que creen que el fruto del pecado es el trabajo y que la rutina Edénica consistía en una existencia ociosa hay que decir que la Biblia no dice eso. Veamos el verso 15:


"Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase" Génesis 2:15

Vemos pues que el hombre tenía un trabajo, y que dicho trabajo consistía en labrar y guardar dicho huerto. No iba a estar ocioso. Tenía un trabajo, pero dicho trabajo no representaba una carga para él, era un trabajo agradable y satisfactorio.

Antes de continuar analizando los otros dos temas del pasaje, es necesario explicar que supuso el huerto del Edén en la historia de las relaciones hombre-Dios y cómo dicho huerto, el escenario de la reunión del hombre con Dios se correlaciona con la Nueva Jerusalén que nos habla Apocalipsis capítulos 21 y 22

¿Qué tiene que ver el Huerto del Edén con la Nueva Jerusalén?

Como comprobaremos enseguida, en la historia de las relaciones entre Dios y la humanidad se ha producido un enorme paréntesis. En todo este lapso de tiempo nuestra relación ha sido rota por causa de nuestra rebelión contra Dios y él se ha apartado de nosotros. Dios no mora en el Tierra. Él está en el cielo y desde entonces ya no mora con nosotros como en Edén. Ahora hay un abismo entre él y nosotros que solo ha sido roto por la expiación de Jesucristo en la cruz. Aunque los que hemos recibido a Cristo hemos recibido las arras del Espíritu Santo, aún no han sido redimidos nuestros cuerpos, ni nuestro escenario (los cielos y  la tierra). Cuando llegue el momento de la restauración total cuando ya hallan sido redimidos nuestros cuerpos en la segunda venida de Cristo. Aún faltará la redención completa de los cielos y la tierra lo que acontecerá luego del milenio y del juicio del gran trono blanco. Entonces la comunión de la humanidad con Dios que había estado rota será restablecida y Dios volverá a morar con la humanidad en la Tierra tal como sucedió al principio, en Edén.

Veamos entonces cómo la Nueva Jerusalén es pues, una forma del Edén restaurado, el retorno a la comunión con Dios en la Tierra, pero en un grado superior. Si el Huerto del Edén fue una cuna, la Nueva Jerusalén será una cama adulta. Si en el primero apenas había una pareja humana, en el segundo será toda la humanidad redimida. Si en el primero el área era muy limitada, en el segundo el área será planetaria, e incluso cósmica:

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” Apocalipsis 21:1-4

Aquí se señala que el mismo planeta será renovado y librado de la maldición que Dios profirió sobre ella durante la caída del hombre (el tema de Génesis 3). El mar es una metáfora de los reinos impíos del mundo y cuando dice que no existirán más quiere decir que sus gentes ya no estarán, pues fueron ya juzgadas por Dios en el Gran Trono Blanco del capítulo 20. Esto lo podemos entender por lo que señala el capítulo 17 de Apocalipsis donde las aguas o mares representan la sociedad humana independiente de Dios y, por lo tanto, el pasaje no es una referencia literal de que los océanos de la Tierra vayan a desaparecer. Veamos estos pasajes del capítulo 17:

"Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas" Apocalipsis 17:1

"Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas" Apocalipsis 17:15

"Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar" Daniel 7:3

¿Qué es la Nueva Jerusalén?

“Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” Apocalipsis 21:2-4

Notemos que este “Tabernáculo de Dios con los hombres” es el nuevo y definitivo Huerto del Edén. Dado lo señalado no hay que ser muy perspicaz para entender que es también una referencia al pueblo de Dios, a la Iglesia de Cristo o al Israel de Dios según prefiramos llamarlo. Y así como desapareció de la Tierra para volver al cielo luego de la caída del hombre ahora, luego de la obra expiatoria de Jesucristo,  descenderá del Cielo a la Tierra y el dolor de este trágico paréntesis quedará atrás. 

Sigamos con el relato y veamos la descripción simbólica de este nuevo Edén :

“Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.  Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” Apocalipsis 21:10-27

Recordemos que Apocalipsis es un libro tan eminentemente teológico y escatológico como también simbólico y esto implica que no debemos literalizar las visiones.

Un cubo de 12,000 estadios, es decir, unos 2,200 kilómetros de lado sería un objeto de dimensiones planetarias (es casi del tamaño del planeta Plutón) y que su muro sea de solo 144 codos, es decir, unos 72 metros demuestra muy claramente que estas son cifras simbólicas que las podemos entender como referencias al capitulo 7 de Apocalipsis donde se presenta a 12,000 varones de cada tribu de Israel. Sumados nos dan 144,000. Vemos pues que estamos hablando de medidas simbólicas que hacen referencia al pueblo de Dios, a su Israel espiritual o la Esposa de Cristo su iglesia. Recordemos que el lugar Santísimo del Tabernáculo así como del Templo de Jerusalén tenían que tener la forma de un cubo dado que ello simboliza la presencia de Dios. Y en el verso 3 se dijo que dicha ciudad es el “Tabernáculo de Dios con los hombres”, por lo tanto, concluimos que este pasaje nos representa el retorno al estado cuando la humanidad estuvo en comunión con Dios en la Tierra. El resto de descripciones hacen connotar su maravillosa excelencia y cómo la justicia preciosa de Jesucristo ha permitido su maravilloso esplendor.

Ahora bien, este nuevo “Edén”, si bien también representa el retorno de la comunión de Dios con los hombres como fue al principio, es necesario señalar que es mucho más. Si el Huerto del Edén fue una cuna, la Nueva Jerusalén es una cama adulta. Si en el primero apenas había una pareja humana, en el segundo será toda la humanidad redimida. Si en el primero el área era muy limitada, en el segundo el área es planetaria, e incluso cósmica.

Podemos concluir pues, que el período de oscuridad y pecado de la humanidad está limitado en sus dos extremos por el Huerto del Edén al principio y La Nueva Jerusalén al final. Pero el proceso de redención, según nos señala la Biblia conlleva 3 etapas: 




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