¿Por qué existía en medio del huerto de Edén árboles tan emblemáticos como el Árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y el mal?
Los elementos que nos señala el capítulo 2 de Génesis tienen una capital importancia para estructurar toda la teología cristiana y en consecuencia para poder entender el evangelio de Jesucristo.
El Árbol de la Vida
Este árbol es colocado por Dios precisamente en medio del Huerto del Edén. Veamos lo señala el siguiente verso:
"Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal" Génesis 2:9
¿Por qué estaban estos árboles en el Huerto del Edén? ¿Por qué no puso simplemente Dios árboles de deliciosos frutos y nada más? Veamos que implicaba comer de ambos árboles:
VIDA (Bendición) |
MUERTE (Maldición) |
"Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre" Génesis 3:22 |
"Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" Génesis 2:16-17 |
Dios crea al hombre con libertad de elección. Libertar para amarlo o no amarlo, libertad para obedecerle o rebelarse, pero su elección tendrá consecuencias. Mientras obedeciera a Dios tendrían a su alcance el Árbol de la Vida para prolongar su existencia, pero si se rebelaban contra Dios él se apartaría de la humanidad lo que implicaría su muerte espiritual. En dicha condición quedaría expuestos a la enfermedad, a la precariedad de una naturaleza hostil y a la muerte física.
El propósito de estos árboles pues, era en esencia, la misma disyuntiva que Moisés, de parte de Dios, le propuso al pueblo de Israel:
"A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar" Deuteronomio 30:19-20
Lamentablemente, ni en Edén escogieron la vida, ni tampoco en los tiempos de Moisés, pero era necesario que Dios permitiera que en su paraíso existiera un nexo que permita probar la fidelidad de los primeros seres humanos a su mandato que entonce consistía en un único mandato: “No comerás del árbol de la ciencia el bien y el mal”. No era algo difícil, pero la serpiente (Satanás encubierto) se encargo de tentarles de tal manera que cayeron en desobediencia con las consecuencias ya conocidas.
¿Que es entonces el Árbol de la Vida que se hallaba en medio del Huerto del Edén?
Para absolver esta pregunta veamos primero en qué se diferencian las metáforas físicas de la literarias. Las segundas son solo simbólicas y no tienen existencia real, la metáforas físicas en cambio existen en la realidad, pero al mismo tiempo tienen un significado metafórico. Al profeta Ezequiel, por ejemplo, Dios le pedía realizar metáforas físicas que consistían en que él adoptase un determinado comportamiento que tenía un significado profético, es decir, tenía una realización física, pero su objetivo era señalar un significado profético. En el caso de Génesis y las visiones proféticas de los profetas y Juan también debemos fijarnos no en el aspecto físico, sino en su significado teológico o escatológico.
El Árbol de la Vida era un árbol real, pero a la vez era una metáfora física de Cristo y de lo que se necesita hacer para tener vida eterna a través de él. En el huerto, sin embargo, bastaba con comer su fruto para tener vida eterna, pues esa era su función física, no metafórica. Y por ello la primera pareja humana es expulsada del huerto y vetada del acceso al Árbol de la Vida, precisamente para que no pudiera ser al mismo tiempo rebelde a Dios y seguir accediendo a dicho árbol para vivir en su presencia para siempre.
Esto último nos enseña que ni Adán ni Eva fueron creados con vida eterna, pues sin el acceso al árbol de la vida ellos terminarían muriendo como de hecho así fue. Antes de pecar ellos tenían acceso a este, pero no la tenían en principio. No era algo con lo cual fueron creados. Contrariamente a lo que algunos creen nacieron mortales, no nacieron con vida eterna, tenían que adquirirla comiendo del fruto del Árbol de la Vida.
En este sentido, la muerte física de la humanidad no consistía en quitarles a ellos algo que ya tenían, sino en que Dios los expulsa de su presencia y por ello no pueden seguir viviendo porque ya no pueden acceder a lo que necesitan para vivir para siempre: El Árbol de la Vida.
Cuando la primera pareja se rebela contra Dios sucede lo siguiente:
"Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida" Génesis 3:23-24
Esta muerte espiritual que separó a la humanidad de Dios tenía que ser reparada. Para conseguirlo Dios tendría que redimirla pagando el oneroso precio de la cruz donde Jesucristo, el Hijo amado de Dios, pagaría nuestros pecados con su muerte y demostraría su triunfo con su resurrección.
Nosotros jamás podríamos pagar nuestra salvación. Solo Jesucristo con su justicia y obediencia perfecta (sin pecado) pudo ser el único solvente para pagarla. Por eso cuando él murió en la cruz el velo del Templo de Jerusalén, el mismo que separaba el lugar Santo del lugar Santísimo donde estaban bordados los querubines, cayó al suelo indicando que el acceso al Árbol de la Vida, y en consecuencia a la comunión con Dios, había sido despejado por su obra expiatoria en la cruz.
Cristo abrió nuevamente el camino a la vida eterna pues:
"Como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos" Romanos 5:18-19
Jesucristo, luego de una vida de obediencia y sin pecado, fue a Juan el Bautista a ser bautizado y así identificarse con el género humano. Justo luego de ello fue llevado por el Espíritu Santo al desierto donde tuvo que afrontar, al igual que lo afrontaron Adán y Eva, la misma tentación que Satanás perpetró en Edén. Pero en este caso Jesús salió victorioso y nunca cedió a las mismas tres sugestiones de Satanás. Ahora Jesús podía ir a la cruz para ser sacrificado y ser el mismo un sacrificio acepto al Padre para la expiación de nuestros pecados. Jesús con su obediencia perfecta venció para ser nuestro salvador y así solucionar la deriva fatal de nuestra rebelión contra Dios que empezó en Edén.
El río de Dios
Veamos lo que nos dice Génesis:
"Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El nombre del uno era Pisón; este es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. El nombre del segundo río es Gihón; este es el que rodea toda la tierra de Cus. Y el nombre del tercer río es Hidekel; este es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates" Génesis 2:10-14
Aquí las escrituras dan referencias geográfica bastante precisas sobre donde estuvo el huerto que Dios plantó. Ello lo podemos saber gracias a los ríos que derivan del río principal que abandonaba el mismo regando no solo el huerto, sino también vastas zonas geográficas al oriente y al sur de su emplazamiento. Pero el punto esencial es el propio río que nace en el Huerto del Edén.
¿Aparte del hecho de regar el huerto, tenía algún significado adicional?
Para entenderlo veamos antes los paralelos que nos ofrecen Ezequiel y Juan sobre el río futuro que también regarán la nueva restauración del paraíso de Dios en la Tierra:
“Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar” Ezequiel 47:1
“Y volviendo yo, vi que en la ribera del río había muchísimos árboles a uno y otro lado. 8 Y me dijo: Estas aguas salen a la región del oriente, y descenderán al Arabá, y entrarán en el mar; y entradas en el mar, recibirán sanidad las aguas. Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río” Ezequiel 47:7-9
“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero” Apocalipsis 22:1
En la visión de Ezequiel el vé un templo del que sale el río, mientras que Juan ve su equivalente mucho más explicito al decir que estas aguas salen de “el trono de Dios y del Cordero”. Sabemos que el agua es esencial para la vida y su provisión es fundamental para que ambos escenarios sean exuberantes. Pero aquí se aplica también el atributo de que estas aguas no solo permiten la vida, sino que aportan sanidad y vida a todo el que entrare en el río.
¿A que tipo de vida se refiere? ¿A la vida biológica?
Esto evidentemente es una referencia a la bendición y a la salvación de Dios que solo él y Jesucristo (el cordero de Dios que quita el pecado del mundo) puede prodigar a la humanidad redimida.





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