miércoles, 9 de octubre de 2024

16 Caín y Abel, la nueva bifurcación moral. Génesis 4:1-15

Cuando Dios estrena a la primera pareja humana establece en la misma una diferencia radical con el restos de los seres vivientes del planeta, no los crea sin más abocados al propósito de su mera existencia. Por el contrario, el libro de Génesis nos dice que el Propósito de Dios es inaugurar a la especie humana a la comunión con Dios, no fuera de ella. Este privilegio no puede aplicarse a ningún animal viviente y es el factor distintivo determinante que lo distingue  de los mismos, pues por esto y por las singulares y excepcionales capacidades humanas en cuanto a lo intelectivo y su capacidad de comunicación semántica entre los mismos y con Dios, se puede dictaminar que el ser humano NO ES UN ANIMAL, y esto pese a que muchos, en particular desde el naturalismo materialista y desde el satanismo, afirman lo contrario y devalúan al ser humano considerándolo como un animal más de la Tierra.

Pero como se explicó anteriormente, una vez presente la primera pareja humana en el Huerto del Edén Dios dispone que su fidelidad a Dios sea probada mediante la elección de dos caminos:

1. La confianza y obediencia a Dios teniendo como recompensa poder acceder al árbol de la vida.

2. La desconfianza y desobediencia a Dios comiendo del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.


Esta disyuntiva era básicamente la misma que presento al pueblo de Israel luego de su liberación de Egipto:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;  amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar”

Deuteronomio 30:19-20

Ya sabemos que el resultado de esta disyuntiva en la primera pareja humana fue la muerte. Pero ahora los primeros hijos de la primera pareja humana estarán también expuestos a la misma disyuntiva como en realidad lo estamos TODOS LOS SERES HUMANOS.

Para el presente caso uno eligió la vida y el otro la muerte. Veamos el relato del capítulo 4 de Génesis:

“Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él”

Génesis 4:1-7

¿Qué es lo que desagradó a Dios de la ofrenda de Caín?

Una hipótesis afirma que lo que desagradó a Dios fue el tipo de ofrenda aplicada y que la ofrenda de Abel, consistente en un sacrificio de una oveja, era la correcta porque implica el sacrificio de una vida animal y ello tiene una importancia ritual que no tiene una ofrenda vegetal como la de Caín. Sin embargo, vemos que en la misma ley de Moisés las ofrendas vegetales también tenían valor ante Dios como ofrendas quemadas. Por lo tanto, esta no debe de ser la razón por la cual la ofrenda de Caín desagradó a Dios.

En realidad el mismo texto lo indica ya que no señala ningún indicio de excelencia en la ofrenda de Caín, pero si en la de Abel, pues se dice que él ofrendó de lo más gordo de su rebaño como ofrenda a Dios. No se trataba pues del tipo de ofrenda, sino de ofrecer lo que era, o no, lo mejor para honrar a Dios. Por dicha razón Dios le dice "Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él", es decir, le reprende diciendo que está obrando mal, pero puede enmendarse y hacer lo correcto. Lamentablemente en entenebrecido corazón de Caín no responde a la exhortación divina.

En el siguiente pasaje del profeta Malaquías vamos a ver como Dios reprende a los sacerdotes por hacer lo que hizo Caín con su ofrenda:

“El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos. Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos. ¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda. Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos. Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová, y cuando decís que su alimento es despreciable. Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto! y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? dice Jehová. Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones” Malaquías 1:6-14

Fijémonos en cómo estos sacerdotes exhibían su desprecio por Dios ofreciéndole ofrendas no honrosas, sino más bien despreciables incluso teniendo los recursos para evitarlo.

Ahora bien ¿Que les faltaba a estos sacerdotes y a Caín?

Les faltaba FE. Veamos como lo explica el autor de Hebreos:

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” Hebreos 11:4

¿Y para que sirve la fe?:

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan
Hebreos 11:6

Esto es muy importante: Sin fe no podemos agradar a Dios y esta fe consisten en creer en Dios y reconocer que él premia a los que le buscan, es decir, desean su comunión y anhelan honrarle.

Caín no tuvo esta actitud. El sabía de Dios y tenía el privilegio de tener contacto con él. Sin embargo, aún así, Caín despreciaba a Dios, no tenía temor de él al punto de terminar matando por celos a su hermano porque comprobó que él si agradaba a Dios con su fe. Por último, demostraba su iniquidad siendo insolente con Dios. Veamos cómo el relato de Génesis señala esto:

“Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” Génesis 4:8-9

Observemos la insolente y esquiva respuesta de Caín al Dios Todopoderoso creador de los Cielos y la Tierra. Que terrible es esta nefasta actitud y cuan común es hallar a personas compartir este mismo desprecio a Dios. No temen blasfemar su nombre, negar su existencia o vilipendiar a los que creen en Dios. Ellos también aborrecen a los que honran a Dios y algunos, al igual que Caín, han perpetrado todo tipo de hostilidades contra los cristianos verdaderos hasta incluso provocar su muerte.

Satanás es, sean de ello conscientes o no, su padre y guía. Esto lo estableció el apóstol Juan al decir:

“No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas”
1 Juan 3:12

Judas en su epístola hace una descripción más cruenta y extendida de éste tipo de personas en todas las épocas:

“No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” Judas 1:8-13

Muchos de los fariseos en los tiempos de Jesús tuvieron este mismo impío espíritu y lo demostraron teniendo celos del Señor, aquel que les arrebataba la admiración espiritual que ellos querían tener del pueblo. Del mismo modo que Caín ellos también les molestaba que su maldad sea puesta de manifiesto cuando vieron los milagros y los discursos de Jesús quien no tuvo remilgos para denunciar su hipocresía y perfidia. Por esto le odiaron y fueron los principales instigadores de su muerte en la cruz. Y así todos los “Caín” de entonces y de ahora odian a Cristo y a sus discípulos.

¿Que sucedió entonces con Caín?

Veamos lo que sigue en el relato de Génesis:

“Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.   Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.  Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara” Génesis 4:10-15

El pecado de Caín no fue castigado por Dios con una muerte inmediata como tampoco lo fue con Adán y Eva, pero si tuvo consecuencias que deterioraron seriamente sus esfuerzos para sustentarse con su trabajo agrícola además del repudio de todos aquellos que le conocían y podrían querer vengar la vida segada de Abel y por ello ir al exilio. Pero Dios no quiso que el asesinato de Caín abriera una cadena de nuevas muertes por venganza y, por ello, puso una señal en él para que no sea asesinado, pues si alguien lo hacía sería castigado aún 7 veces más.

Sabemos por las escrituras que Dios puede perdonar el pecado, pero eso no significa que lo deje sin castigo. David pecó de manera terrible al tomar a Betsabé, la esposa de Urías heteo, adulterar con ella y hacer que su esposo muriera en combate, para así tapar su pecado y poder tomar a Betsabé por mujer. David se arrepintió y Dios le perdonó, pero no lo dejo sin castigo. Del mismo modo podríamos decir lo mismo de Adán y de Eva, pero ¿También lo podemos decir de Caín?

Por todo los pasajes que hemos visto de las escrituras que hablan de Caín podemos inferir que el no fue salvo, pues no hay indicio alguno de arrepentimiento y cambio en su vida. Recibió su justo castigo en vida, pero eso no significa que fuera perdonado por Dios para su salvación.

Cada ser humano en la Tierra tiene la misma disyuntiva moral de convertirse en un ser impío como lo fue Caín o de convertirse en un ser piadoso como lo fue Abel. Mientras estamos vivos podemos arrepentirnos de ser un Caín y convertirnos en un Abel, pero para ello necesitamos primeramente ser transformados por la fe en Cristo y el arrepentimiento de nuestros pecados. A partir de ello nuestra ofrenda a Dios, es decir, todo lo que hagamos para honrarle será grato a él.

“Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” Isaías 1:16-18

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