sábado, 13 de julio de 2024

9 La Mujer: La Ayuda Idónea del Hombre

Anteriormente señalamos que el capitulo 2 de Génesis se diferencia del capitulo 1 en que este presenta una narración sumamente esquemática y simple, pues tanto el varón como la mujer son creados al unísono como la lógica del sistema reproductivo sexual nos lo dicta. No obstante, en el capitulo 2 nos encontramos con unos desconcertantes detalles donde la mujer aparece, no como una simple creación paralela del polvo de la Tierra, sino una creación forma bastante especial que nos señalará un profundo propósito teológico que analizaremos ahora.

Podemos separar esta historia en 2 actos:

1. La extraña pretensión de que la ayuda del varón sea suplida por un animal.

2. La manera como Dios crea a la Mujer extrayendo su material genético del varón.

Veamos lo que dice la primera historia:

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová  Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él”
Génesis 2:18-20

 ¿Por qué Dios delegó el nombramiento de los animales a Adán?

Notemos que lo primero que nos dice Dios es que él prepara ayuda idónea para el hombre.

¿Pero no debería ser lógicamente su pareja sexual, es decir la hembra de su especie? ¿Que sentido tiene que pretenda que sea hallado en un animal sabiendo ademas que evidentemente  no podría reproducirse con ninguno de ellos?

Si lo evaluamos con una mente sencilla esto nos parecerá un absurdo. Pero como ya se ha dicho antes los primeros 3 capítulos de Génesis y en particular el capitulo 2 son eminentemente teológicos.

Anteriormente señalamos que ya en el primer capitulo de Génesis vimos como Dios crea a la especie humana con una excepcionalidad que los distingue no en grado, sino cualitativamente de los animales. Esto significa que para la Biblia el género humano NO ES UNA ESPECIE ANIMAL. Por el contrario es una especie especial y superior a todas las restantes de la biología en la Tierra. En el capitulo 2 Dios va a señalarnos de manera más profunda su especialidad.

Para empezar delegará en el primer varón de la especia humana una facultad divina que hace que la especie humana este más emparentada con Dios que con cualquier especie animal incluidos sus parientes taxonomicamente más cercanos: los simios. La facultad conferida al hombre consiste en asumir la facultad de nombrar a objetos creados. En este caso a todo tipo de ser viviente. Esta es la misma facultad que tuvo Dios cuando nombró los objetos creados del cielo y la tierra. Con ello faculta al hombre a llevar a la existencia, al definir su función, a cada animal terrestre, aéreo o marino. Del mismo modo que Dios vio que lo creado era bueno, el hombre también debería encontrar propósito en los seres creados. Y es por ello que le faculta a nombrarlos, tarea muy laboriosa dada la enorme cantidad de seres vivientes y por el hecho también de demandar de parte del sujeto que los nombre una enorme y aguda inteligencia.

Esta labor es en toda regla una atribución divina conferida al hombre. De este modo el mismo hombre deberá sojuzgar la Tierra y ser Señor de todas las especies vivientes. Jamás será un animal más.

¿Pero, porque en lugar de crear sin más a la mujer presenta previamente a los animales como potenciales ayudas idóneas al hombre?

Cuando en este capitulo dice que Dios formó a los animales de la Tierra no dice que no existiesen previamente a Adán. Aquí los tiempos verbales del hebreo no derivan al orden temporal, sino al orden funcional. Por lo tanto lo que está diciendo es que presenta al hombre a los animales que previamente creó para que, en el proceso de nombrarlos, busque en ellos lo que en hebreo se denomina “ézer”, es decir, ayuda idónea y/o socorro para el hombre.  

Esto no significa que Dios haya tenido la ingenua idea de proveer al hombre de un socorro y/o ayuda idónea mediante un animal de su elección. Más bien el propósito de Dios es señalarnos que la verdadera y más legitima ayuda solo puede provenir de sí mismo, es decir, de una pareja que solo puede ser humana, pero no solo eso, sino que procede de sí mismo. Esto es lo que explica la segunda parte del relato:

“Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas (tselá), y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla (tselá) que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre" Génesis 2:21-22

Notemos que el proceder de Dios para extraer una fuente genética es básicamente similar al que aplican los cirujanos al dormir o anestesiar a un paciente que va a sufrir una operación quirúrgica a fin de que no sufra dolor. Luego extrae, según la palabra hebrea“tselá”, de un costado o costilla, es decir, de un lugar que no complique la funcionalidad osea humana y pueda ser fácilmente prescindible. Luego cierra la carne de Adán y con la muestra extraída hace un clon genético de Adán, pero con la adición de genes necesarios en el cromosoma XX que dotará las funciones que toda mujer precisa y que no tiene el varón. El extraordinario resultado es un maravilloso ser que colmará con creces todas las expectativa de socorro y ayuda que precisa el hombre. Finalmente Adán dice:

"Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” Génesis 2:23-24

Fijémonos que la mujer, su eficaz ayuda idónea, no será creada del polvo de la tierra como lo fue Adán, sino que será creada con una genética que procede del mismo Adán. Con esto Dios quiere señalarnos que la mujer no es una simple pareja creada junto con Adán, por el contrario enfatiza poderosamente que la mujer es creada de Adán y por eso él llega a decir que Eva es hueso de sus huesos y carne de su carne.


La importancia de la mujer para contribuir al bienestar de la vida del hombre.

La mujer fue señalada por Dios para ser una verdadera y sublime ayuda para su vida. Es su socorro en medio de los desafíos de su existencia y aunque hay hombres que pueden vivir sin la compañía y el auxilio de una mujer, para la mayoría de los hombres tener una mujer por esposa resulta una grandiosa bendición.

Ciertamente este ideal, en un mundo pervertido y hundido en el pecado, tiene muchas excepciones donde una mala mujer, en lugar de ser ayuda idónea, es mas bien una pesadilla insoportable. Igualmente, en el caso contrario, un mal hombre, en lugar de ser un apoyo y sustentador para su esposa, se convierte en una pesadilla de maltrato físico y/o psicológico para la mujer.

De acuerdo a los propósitos de Dios la mujer es una sublime bendición para el hombre que debe corresponder respetándola y amándola como a sí mismo. No puede hacer uso de una mujer por capricho para uso meramente sexual o como empleada domestica, sino como el genuino complemento de su ser y, por ello, no debe repudiarla mediante el divorcio por cualquier motivo tal como era costumbre en el pasado e incluso hoy:

“Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” Mateo 19:3-9

Por el contrario, la actitud de los hombres con respecto a sus esposas debe de ser como lo señala Pedro:

"Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo" 1 Pedro 3:7

Ahora bien, el relato de Génesis 2 no solo establece la relación entre el varón y la mujer, sino que también es una metáfora de la relación de Cristo con su iglesia. Si la mujer está compuesta por una parte de la sustancia del varón, los redimidos también proceden de la sustancia de Cristo quien como hijo de Dios se encarnó como ser humano para crear un linaje no carnal, pero sí espiritual.

Estas equivalencias en el significado de las relaciones en el tratamiento del varón y la mujer con el tratamiento de los redimidos con Cristo está magistralmente señalada por Pablo:

"Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido" Efesios 5:21-33

Por esta razón el paralelo de la historia de Adán, quien primero busca ayuda idónea entre las especies animales para finalmente recibirla de un ser extraído de sí mismo, y la forma como Dios encuentra los objetos de su amor y gloria, no en cualquier ser humano, sino en aquellos cuya redención sale de las entrañas de Cristo, es decir, de aquel que dio su vida para pagar nuestro rescate y darnos la vida eterna.

Por último queda el verso 25 que dice:

“Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” Génesis 2:25

El significado de este fenómeno lo veremos al analizar el capítulo 3




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