El pecado de Eva no podía quedar sin castigo y Dios castigó al genero femenino como consecuencia de este pecado primigenio. El mismo consiste en 2 pecados, el pecado de desobedecer a Dios (1) y el pecado de dejar de confiar en él para confiar en Satanás (2). Estos 2 pecados son lamentablemente en extremo recurrentes. En el estudio titulado “La deconstrucción de Satanás) se explicó como este engañador sigue usando este método hasta el día de hoy. No pensemos, por lo tanto, que solo Eva pecó en estos pecados, pues todas las mujeres y todos los hombres hemos pecado más de una vez en los mismos. Pero en este estudio nos enfocaremos en lo que nos dice la escritura sobre el castigo a las mujeres por estos 2 pecados:
“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” Génesis 3:16
Aquí podemos ver fundamentalmente 2 cosas:
1. Considerable mayor dolor en el parto.
2. Un rol subordinado al varón que, a partir de estos pecados primigenios, se generarán como castigo 2 condiciones desagradables: la primera es la rebelión de la mujer a dicho rol y la segunda el abuso del varón sobre el rol subordinado de la mujer.
1 El dolor del alumbramiento
El primero es una molestia muy seria que conocen bien las mujeres que han tenido hijos. La tecnología moderna permite muchas maneras para hacer menos doloroso el parto y se dispone de varios tipos de anestesia para quitar el dolor.
Sin embargo,
¿Si somos una especie más de las más de 200 que comprenden la familia de los primates?
¿Por qué las demás monas y simias no padecen este problema y por qué carecen de dolor al alumbrar a sus criás así como sucede con el resto de los animales?
Curiosamente, como veremos a continuación, los castigos aplicados a las mujeres tienen una relación con la misma singularidad de la especie humana que los diferencia de los animales. Recordemos que la Biblia, en contra de la asunción científica, niega que los seres humanos deban ser considerados como animales y destaca las características distintivas fundamentales que los posiciona, no con una diferencia de grado, sino con una diferencia cualitativa, es decir, que no bastaría que un mono sea un cierto grado más inteligente que los suyos para convertirse así en un ser intelectualmente equivalente al ser humano. En el estudio 4 “La excepcionalidad de la especie humana” se mencionaron las enormes diferencias que señalan esto.
Pero
¿Que tiene que ver esto con los dolores del parto?
Pues para que los humanos puedan hacer estas proezas necesitan un cerebro grande en relación a su tamaño corporal. Unido esto al hecho de que los humanos andan erguidos sobre sus pies y no caminan usualmente usando sus 4 extremidades como sucede con todos sus “primos” primates, hace que su pelvis sea más estrecha y, para colmo, deba permitir pasar la cabeza de un feto con un cerebro mucho más grande que los demás. El resto de primates, en cambio, tienen espacio suficiente para atravesar el canal del parto con holgura. Notemos en la siguiente figura, por poner un ejemplo, cuan distintos son los canales de una hembra chimpancé y de una hembra humana. Los chimpancés y demás primates tienen espacio de sobra para que pase la cabeza de sus criás. Para la pelvis humana, este no es el caso, ya que por su bipedestación (caminar sobre dos extremidades) y la cabeza mayor de sus crías hace que el parto sea más difícil y por ello doloroso.
Esta es la explicación biológica del dolor del parto de la mujer. La explicación teológica nos señala, por otra parte, que la mujer por su pecado pagará con mucho más dolor una de las características más prominentes de la singularidad humana y de su especial condición como imagen de Dios.
Esto nos lleva a un nuevo misterio que nos lleva a su vez a una nueva pregunta:
¿La mujer no tenía ya dicha condición incluso sin haber caído en pecado?
La respuesta la podemos encontrar en el mismo texto cuando dice:
“Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces”
Lo que nos quiere decir el pasaje es que efectivamente la mujer sufriría un poco al dar a luz a sus hijos por su condición biológica especial, pero que dicho dolor y sufrimiento sería bastante tenue y tolerable. En cambio, por causa del pecado primigenio de Eva, dicho dolor sería multiplicado causando un sufrimiento considerable a las mujeres durante el parto.
El pecado siempre parece divertido al principio, rentable y carente de consecuencias, pero nos lleva siempre al castigo y este causa sufrimiento.
2 El rol subordinado al varón
Cuando Dios señala enfáticamente en el capitulo 2 de Génesis que la mujer sale del varón y no es una creación paralela al mismo, tiene por propósito señalar que la mujer fue creada en subordinación al varón y que este sería el jefe del matrimonio y de la familia. Ambos, si bien son iguales en dignidad como seres humanos en absolutamente todo, no son fisiológicamente iguales ni Dios les ha asignado el mismo rol. Mientras que la mujer es la ayuda idónea del varón que le aporta apoyo, socorro, administra el hogar así como gesta a los hijos y los alumbra además de ser la principal rectora de su educación, el varón tiene por rol conseguir el sustento de su familia, cuidar de su mujer y de sus hijos, apoyar en su cuidado y educación, protegerlos, ampararlos y amarlos. En este trabajo asociativo el hombre es asignado como cabeza y la mujer como su fundamental apoyo, pero en subordinación al varón.
¿Tiene la mujer que rebelarse a esta disposición de Dios y tiene el varón que abusar de la misma?
No deben hacerlo, pero por causa de sus pecados Dios castigará a las mujeres a sufrir esto mismo: Mujeres que se rebelan a su rol y no lo practican y los hombres que tiranizan a la mujer y abusan de ella en lugar de respetarla, cuidarla, sustentarla y amarla. Y esto sucede porque como:
“Ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” Romanos 1:28
Notemos que en el capitulo 1 de Romanos, al igual de lo que vemos aquí en Génesis capítulo 3, el juicio de Dios por el pecado de los seres humanos (hombres y mujeres) consiste precisamente es que su desvarío moral les provea un gran sufrimiento.
¿Pero es malo que la mujer tenga un rol subordinado al hombre?
En realidad no deben las mujeres abatirse por ello. Veamos que estas diferencia de roles incluso entre seres de igual naturaleza no es algo negativo:
“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” 1 Corintios 11:3
Si Cristo es la cabeza de todo varón deben los varones subordinarse a él. Entonces ¿Deben los varones rebelarse a esto y debe Jesús abusar de su señorío con ellos? No
Si Cristo mismo, siendo Dios como el Padre, acepta una posición de subordinación a él. Entonces ¿Debe Jesús rebelarse al Padre como si lo hizo Lucifer (el futuro Satanás) y el Padre abusar de su primacía con el Hijo? No
Del mismo modo la mujer no debe rebelarse por su subordinación al varón y el varón no debe abusar de ello con la mujer.
¿Cual es el rol de la mujer tal como lo definen las escrituras?
Veamos ahora el rol de Dios para la mujer y, para una mejor comparativa, añado el resto del pasaje que nos señala también el rol del varón:
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.”
Efesios 5:22-33
¿Son los roles de la mujer y del varón algo bochornoso? De ninguna manera.
Sin embargo, el termino "sujeción" tiene, para la mentalidad moderna, y más aún para el pensamiento neomarxista, un tinte de opresión. No obstante, el modelo Bíblico no describe la sujeción de la esposa al esposo como una forma de opresión, sino como la asignación de un necesario liderazgo de la estructura familiar. Dios determinó que el varón sea el jefe de familia, como cualquier jefe lo es para sus subalternos en una estructura empresarial, militar o cualquier otra. No implica la tiranía del hombre sobre la esposa y los hijos, pues un esposo tirano no amaría a su esposa como Cristo amó a su iglesia.
En sus instrucciones para las mujeres ancianas el apóstol Pablo les pide lo siguiente:
“Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” Tito 2:4-5
Entre las virtudes señaladas se encuentra el rol tradicional de la madre en el modelo Bíblico de familia: el rol de gobernadora del hogar ("cuidadosas de su casa"). Hoy en día el papel de madre, que en lugar de ejercer una trayectoria laboral se dedica al cuidado de sus hijos, es visto como una opresión heteropatrialcal de la cual toda mujer debe librarse. No obstante, la salud de la sociedad es altamente vulnerable al rol de la maternidad en cuidar de los niños pequeños mientras el esposo cubre el rol proveedor.
Por ultimo, un rol de sujeción digno por parte de la esposa al esposo y un sabio gobierno del hogar serán eficaces testimonios de piedad cristiana capaces de convertir a sus esposos a la fe de Cristo y de hecho en el presente hay muchos testimonios de esposos musulmanes ganados por efecto de la conducta de la esposa tal como lo describe el apóstol Pedro al decir:
“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa” 1 Pedro 3:1-2
¿Pero el rol de la mujer implica que esta sea un ser débil, no proactivo y sin capacidad de logros fruto de su esfuerzo y virtud?
Definitivamente NO.
En el capitulo 31 de Proverbios tenemos una extraordinaria descripción del papel de la mujer como madre y esposa que derrumba por completo la visión negativa que señala la pregunta.
Elogio de la mujer virtuosa:
"Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, Y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader; Trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios; Su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca. Alarga su mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso. No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. Ella se hace tapices; De lino fino y púrpura es su vestido. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Hace telas, y vende, Y da cintas al mercader. Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; Mas tú sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos" Proverbios 31:10-31
Como ilustración final sobre cómo la mujer, en su rol de madre, puede cambiar el mundo a través de su influencia sobre sus hijos, podemos extraer el ejemplo de Cornelia. Ella era una matrona romana hija del gran general romano conocido como “Escipión el Africano”. Este titulo se refiere a su proeza como vencedor del extraordinario general cartaginés Aníbal.
Durante la segunda guerra púnica, es decir, la librada entre Roma y Cartago a fines del siglo tercero antes de Cristo, Aníbal hizo la hazaña de llegar a la península itálica atravesando los nevados Alpes con un contingente de elefantes. Una vez allí ganó todas las batallas contra los ejércitos romanos, pero su tiempo de invencible llegaría a su término cuando, el nuevo general romano, Escipión propuso que mientras Aníbal estaba con sus ejércitos en Italia, él llevaría la guerra a Cartago y así forzaría a Aníbal a abandonar la península itálica. Lo cual ocurrió y Escipión finalmente logró vencer a Aníbal y conquistar Cartago.
Cornelia, su hija, tuvo dos hijos llamados Cayo y Tiberio Graco. En cierta ocasión, durante una reunión con otras matronas romanas, las mismas exhibían sus joyas unas a otras, pero cuando le toco el turno a Cornelia, ella mandó a llamar a sus 2 hijos aun pequeños y, rodeando a ambos con sus brazos el uno a su izquierda y el otro a su derecha, dijo a las demás mujeres: “Estas son mis joyas”.
Tal era la educación y los elevados principios morales y de justicia que inculcó Cornelia en las mentes de sus hijos, que estos con el tiempo se convirtieron en tribunos de Roma y en grandes reformadores sociales de la República Romana. Su extraordinaria labor pronto sería confrontada por sus enemigos que no querían perder sus privilegios y terminaron matando primero al mayor y luego al menor.
Sin embargo, muchas de sus reformas no fueron derogadas y prevalecieron para el futuro. El hecho de que el apóstol Pablo disfrutara de tener la ciudadanía romana de nacimiento y así pudiera evangelizar con mayor facilidad Asia y Europa fue gracias a una de las reformas de los Gracos.
Al final de su vida, la pobre Cornelia, que había perdido a sus dos extraordinarios hijos, quiso que colocaran el siguiente mensaje en su lápida. No pidió que pusieran “Aquí yace Cornelia la hija del gran Escipión el Africano, el vencedor de Aníbal”, por el contrario, ella pidió que pusieran:
“Aquí yace Cornelia, la Madre de los Gracos”
Por esto finalmente podemos decir que cuando las mujeres saben cumplir el rol que Dios les ha asignado son de una extraordinaria bendición tanto para su familia como para el mundo.



No hay comentarios:
Publicar un comentario